El 3 de marzo de 2026, los judíos de todo el mundo conmemoraron Purim. Esto corresponde al 14 de Adar en el calendario judío.
Purim recuerda el desastre que casi le ocurrió a la Casa de Israel durante el reinado del Rey Asuero en el siglo V a. C. Muchos estudiosos creen que el nombre bíblico se refiere al rey de Persia que conocemos como Jerjes o Artajerjes. Lo que no se disputa es la narrativa contenida en el libro de Ester.
Durante el reinado de este poderoso rey de Persia (cuyo imperio se extendía desde la India hasta Etiopía—y claramente habría abarcado la tierra de Israel), una joven judía llamada Ester vivía en cautiverio en la ciudad capital de Susa. Cuando la reina del propio rey Asuero, Vasti, desagradó al soberano, él la apartó y buscó una nueva reina. En poco tiempo, Ester fue elevada al trono y su tío Mardoqueo salvó la vida del rey al revelar un complot.
Antagonismo Milenario
Dentro de la corte del rey había un hombre llamado Amán. Amán era descendiente de Agag, el rey de los amalecitas, a quien el profeta Samuel mató tras la desobediencia de Saúl. Dada la extensión del territorio y reino de Asuero, tiene sentido que un amalecita sirviera en su administración.
Cualquiera que esté familiarizado con el Antiguo Testamento recordará que Amalec fue el rey que atacó a Israel durante su éxodo de Egipto. Éxodo 17:8-16 describe cómo Israel prevalecía sólo cuando Aarón y Hur sostenían los brazos extendidos de Moisés. Josué condujo a los israelitas a la victoria, y luego Moisés declaró: “El SEÑOR lo ha jurado. El SEÑOR hará guerra contra Amalec de generación en generación” (Éxodo 17:16; NBLA). La finalidad de esa maldición fue reiterada en Deuteronomio 25:17-19:
Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios. Por tanto, cuando Jehová tu Dios te dé descanso de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas, borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides.
Podríamos preguntarnos, ¿por qué Amalec fue tan hostil hacia el pueblo de Dios, y por qué se negó a respetar al Dios de Abraham, Isaac y Jacob? La respuesta se encuentra en el ámbito espiritual, y en la realidad innegable de que Amalec era otro peón de Satanás—intentando una vez más acosar y erradicar al pueblo elegido por Dios.
Así que, muchas generaciones después, un descendiente sobreviviente de Amalec (y su igualmente antagonista sucesor, Agag) buscó eliminar a la Casa de Israel una vez más. Ester relata que la ofensa que aparentemente desencadenó la furia asesina de Amán fue un desaire percibido que Mardoqueo le hizo—una afrenta a su orgullo. Pero, una vez más, quienes tienen ojos para ver reconocen las dinámicas espirituales involucradas. El orgullo nunca es característico de un hijo de Dios; en cambio, refleja la arrogancia del antagonista infernal (Satanás) que motivó a Amán a buscar la destrucción de los judíos.
Purim recibe su nombre porque Amán buscó orientación a través de un sorteo (podríamos pensar en un dado o dados) para determinar su curso. Algunos antiguos consultaban a médiums o astrólogos. Los paganos modernos buscan sabiduría en cualquier lugar y con cualquier persona excepto Dios. En el caso de Amán, habiendo decidido en su corazón buscar la destrucción de los judíos (Ester 3:6), permitió que el purim (dados) determinara el momento de su malvado plan.
Cualquiera que haya leído Ester sabe que Mardoqueo animó a su joven sobrina recordándole que compartiría el destino de sus parientes judíos si no intervenía. También señaló: “¿Y quién sabe si para una ocasión como esta tú habrás llegado a ser reina?” (Ester 4:14). Al final, se descubrió el complot de Amán y fue colgado en el mismo patíbulo que había preparado para Mardoqueo y su pueblo. Las suertes que había echado y el odio que había sembrado resultaron ser su propia perdición.
Amánes Modernos
En los largos siglos que han seguido a la historia de Ester, muchos otros Amán han venido y se han ido. Sus nombres han sido tan variados como Herodes, Hitler, Hezbolá, Hamás y los hutíes. Cada individuo y grupo lleno de odio que ha buscado destruir la Casa de Israel también ha sido un instrumento de Satanás, intentando, y fracasando repetidamente en, servir a la voluntad de su maestro demoníaco.
Durante los últimos 47 años, el instigador de gran parte del odio antisemita que agita el Medio Oriente ha sido Irán—el estado-nación que es la Persia moderna. Otros, indudablemente, se han asociado con los ayatolás y mulás de esa república islámica. Aun así, el enfoque obstinado de sus líderes desde 1979 ha sido la erradicación de Israel, incluso a costa de la degradación y ruina del pueblo iraní. Este mismo triste patrón ha sido evidente en Gaza, desde el surgimiento de Hamás, y en Líbano, desde la infiltración de Hezbolá.
Ahora el mundo está observando mientras Irán es castigado tras la muerte de una versión moderna de Amán. El mismo espíritu de Amalec, Agag y Satanás ciertamente motivó al Ayatolá Jamenei, así como lo hizo con Jomeini antes que él. Expertos, críticos y analistas militares analizarán cada matiz de la guerra actual. Con respecto a Donald Trump y su decisión de cortar la cabeza de la serpiente iraní, sin duda acumularán críticas o se deleitarán con elogios según sus propias inclinaciones políticas. Pero nosotros, los que creemos que el Dios Todopoderoso establece reyes y derriba reinos, debemos reconocer que Su mano está obrando en el curso de la historia humana.
La antigua maldición sobre aquellos que maldicen a los descendientes de Abraham sigue en efecto. El pronunciamiento de la ira contra quienes buscan destruir a Israel es el mismo hoy que en los días de Amalec, Agag y Amán. Y, aunque Dios ha permitido que naciones antagonistas sirvan como instrumentos de disciplina y castigo (como lo hizo con Babilonia, los medopersas y Persia misma), Su ira finalmente se vuelve contra aquellos que se atreven a decir “¡Ajá!” contra Su Pueblo escogido y su tierra prometida (Ezequiel 25:1-7; 26:2-6; Salmos 40:15).
Regocíjense, Porque Nuestro Dios Salva
Incluso mientras la guerra arrecia, estamos llamados a orar por la paz de Jerusalén. También oramos por los enemigos de Israel, sabiendo que los impíos siempre se opondrán a Dios y a Su pueblo. Entonces, nuestra oración es por la salvación de millones de personas, tanto en Irán como en Israel.
En las palabras de Salmos 9:7, el ayatolá Jomeini, y todos aquellos que buscaron borrar a Israel de la faz de la Tierra, han regresado (o regresarán) al Seol; incluso todas las naciones que olvidan al Dios verdadero y viviente. Cualquiera que crea en las mentiras de Satanás y sirva como instrumento de su odio en la Tierra recibirá la justa recompensa por su misma rebelión contra Dios en el cumplimiento del tiempo.
Pero todos los que miran al Ungido de Israel, el León de la tribu de Judá, serán salvos. Esa promesa no se basa en dados, ni en suertes, ni en Purim, sino en la infalible Palabra de Dios.
Veamos este conflicto actual desde la perspectiva clara de las Escrituras y sepamos que Dios no abandonará a aquellos a quienes Él ha llamado Sus amados. De hecho, como describe Sofonías 3:12-20, es el SEÑOR Dios quien se regocijará sobre Israel como un guerrero victorioso. Es Él quien se regocija con amor silencioso y se alegra con gritos de gozo. Y es Él quien tratará, a su vez, con todos los opresores de Israel.
Todos los que esperamos con ansias el regreso de Jesús debemos esperar en el Señor. Pero ya sabemos en quién hemos creído y que Él protegerá lo que le hemos confiado hasta ese día (2 Timoteo 1:12). Y, en anticipación a Su pronta regreso y Su poderosa mano extendida, proclamamos al mundo rebelde, que observa con miedo y temblor el cumplimiento de las promesas proféticas ante nuestros ojos en un tiempo como éste:
Este es nuestro Dios a quien hemos esperado para que nos salvara. Este es el Señor a quien hemos esperado; regocijémonos y alegrémonos en su salvación (Isaías 25:9).
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)
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