viernes, 31 de julio de 2026

¿Puedo Tener un Testigo?



Ésta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto”.  – El apóstol Pablo (2 Co. 13:1)  

Cuando Marvin Gaye cantó, “¿Puedo tener un testigo?” en 1963, no estaba hablando en términos teológicos. Se dice que la frase se originó en la iglesia afroamericana en el siglo XIX y se ha usado en contextos legales y religiosos desde entonces.

Un solo testigo carece de legitimidad—tanto en el antiguo Israel como en un tribunal moderno. Sin embargo, el testimonio de dos o más testigos creíbles sirve como base para evidencia admisible y confiable. Hay excepciones a esta regla, como lo experimenté una vez cuando formé parte de un jurado.

Otro ejemplo obvio es el testimonio ocular del Dios Todopoderoso. Con Su declaración, “En el principio…”, reveló cómo se creó el universo y cómo llenó la tierra de vida. Su credibilidad es absoluta, así que no necesito otro testigo que corrobore Su relato. Cualquiera que rechace Su testimonio para proponer otras teorías está participando en especulaciones insensatas. De manera similar, nadie puede saber qué pasará al final de los tiempos a menos que Dios nos lo revele (Mateo 24:3). Jesús señaló esto a Sus discípulos cuando éstos mostraron gran interés por conocer el momento cuándo restauraría el reino a Israel (Hechos 1:6).

Pero Dios sí reveló mucho sobre los tiempos del fin a través de Sus profetas, tal como le indicó a Amós.

Porque no hará nada Jehová, el Señor, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).

Y reveló muchos más detalles a Pablo, Pedro y Juan, incluyendo un libro entero que se describe a sí mismo como “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto…” (Ap. 1:1). ¿Por qué Jesús eligió revelar tantos detalles sobre el fin de los tiempos a Juan y, a su vez, a nosotros? Porque “el tiempo está cerca” (Ap. 1:3).

Un Testimonio Urgente

Es fácil quedar tan atrapado en los espectaculares detalles del libro de Apocalipsis (con sus cartas a las Siete Iglesias, los Juicios de los Sellos, las Trompetas y las Copas; y toda la demás actividad que Juan ve en el Cielo y en la Tierra) perder de vista el verdadero propósito de este libro.

Jesús claramente desea ofrecer ánimo a la Iglesia mientras espera el Rapto. También fue directo en Su amonestación a las iglesias (y los cristianos individuales) que han perdido su Primer Amor, han permitido que la herejía y la apostasía se infiltren en su doctrina, han tolerado lo intolerable o se han enfriado en su fe hasta el punto de que Jesús está afuera llamando a la puerta para volver a entrar. Pero hay otra razón por la que Dios Padre quiso que Jesucristo ofreciera esta revelación tan completa: Su gran amor y misericordia.

Dios estaría justificado en derramar Su ira sobre un mundo impenitente sin ninguna advertencia. Aquellos que lo han rechazado recibirían su justo castigo: muerte y condenación. Pero Dios siempre advierte antes de derramar Su juicio:

  • Lo hizo antes del Diluvio, cuando Noé era un pregonero de justicia mientras construía el Arca.
  • Lo hizo con Sodoma y Gomorra, cuando envió a dos ángeles para rescatar a Lot y su familia (y para demostrar la maldad de las ciudades).
  • Lo hizo con Nínive, cuando envió a Jonás (el mensajero reacio) para advertirles de su destino inminente.

Podrías decir: “Pero Dios no siempre ofreció un camino claro para evitar Su ira”. Consideremos el mensaje sensible hacia la audiencia que tuvo Jonás (sarcasmo intencionado). Cuando finalmente llegó a Nínive, todavía oliendo sospechosamente a pescado, el mensaje breve que dio por un solo día fue: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida” (Jonás 3:4). Ni un llamado al arrepentimiento. Ni una oferta explícita de salvación. Sin un indicio de una segunda oportunidad.

Sin embargo, el pueblo de Nínive, “desde el mayor hasta el más pequeño”, entendió la elección que tenían ante sí. Eligieron creer en Dios y arrepentirse. Por orden del rey, se pusieron cilicio y ceniza, se humillaron ante el Dios Todopoderoso y oraron para que Dios se detuviera y se arrepintiera y se calmara el ardor de su ira para que no perecieran (Jonás 3:5-9).

El corazón de Dios se revela en Su respuesta: “Vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino, y se arrepintió del mal que había anunciado hacerles, y no lo hizo” (Jonás 3:10). Jonás estaba enojado porque la ira de Dios se había desviado. Admitió que su negativa inicial a obedecer el encargo de Dios fue para evitar este resultado.  Como él mismo dijo: “…yo sabía que tú eres un Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte y de gran misericordia, que te arrepientes del mal” (Jonás 4:2). Lamentablemente, Jonás dijo que preferiría morir antes que ver a los ninivitas salvados. 

Las Escrituras son claras: algunos de los que perecen eligen la ira en lugar del arrepentimiento.

El Último Llamado de Dios

Hacia el final de los Juicios de las Trompetas, Juan registra una escena dramática que se desarrolla en Jerusalén y otra en el cielo.

Poco después de que suene la sexta trompeta, a Juan se le da un pequeño libro para comer. Tiene un sabor dulce, pero le amarga el estómago. Al igual que el libro que se le dio a Ezequiel, este libro probablemente representa el derramamiento final de la ira profetizada de Dios. Si bien los juicios de Dios son justos y verdaderos para el creyente (de sabor agradable), para el mundo incrédulo son “lamentaciones, llanto y ay”—por eso son amargos mientras se digieren sus implicaciones (Ez. 2:10).

De hecho, el siguiente capítulo en Apocalipsis revela el plan de Dios de enviar a dos grandes testigos proféticos para testificar al mundo desde Jerusalén. Ellos tienen poder desde lo alto para causar sequías en todo el mundo, convertir el agua fresca en sangre y desencadenar plagas “cuantas veces quieran” (Ap. 11:6). Su mensaje es tan ominoso que visten de cilicio.

Durante tres años y medio, el Anticristo no podrá silenciar a estos dos testigos, hasta que Dios retire el cerco de protección que ha levantado alrededor de ellos, y sean abatidos a la mitad de la Tribulación. Incluso entonces, Dios valida su mensaje y su fidelidad resucitándolos tres días después, y luego llamándolos al cielo con una llamada parecida al Rapto: “Subid aquí” (Ap. 11:12).

Tan sólo tres capítulos después, Juan registra el envío de un ángel que vuela en el cielo medio (el aire sobre la tierra), predicando el Evangelio eterno a toda nación, tribu, lengua y pueblo.

¿Cuál es el propósito de estos llamados finales a un mundo rebelde? Demostrar que, incluso en la ira, Él se acuerda de la misericordia (Hab. 3:2). El mismo Dios que envió a Cristo a morir por nosotros mientras todavía éramos pecadores demostrará una vez más Su gran amor por la humanidad (Ro. 5:8).

Trágicamente, la mayoría de las personas en el mundo rechazarán la gracia, el amor y la misericordia de Dios, incluso mientras los Juicios de los Sellos y las Trompetas los castigan gravemente. ¿No es eso cierto ahora mismo? Miles de millones avanzan de cabeza hacia el infierno, ajenos e indiferentes a la oferta gratuita de salvación que podría ser suya. Y ahí es donde entramos tú y yo.

¿Cuál es tu Respuesta?

Algunos cristianos leen Apocalipsis y se enfocan en los juicios y la ira. Yo leo el libro y veo el gran amor de Dios revelado en el hecho de que advierte a quienes perecen. Al igual que los cuatro Evangelios y a los otros 61 libros de la Biblia, Apocalipsis es una carta de amor de Dios a Sus criaturas descarriadas. 

Con respecto a los dos testigos y al ángel que da la vuelta al mundo, podrías pensar: “Dios realmente no necesita que yo comparta el Evangelio. Él puede difundir ese mensaje de salvación sin mí”. Eso es cierto, pero se pierde el punto de la Gran Comisión. Dios ha elegido involucrarte en Su gran misión de salvar a un mundo perdido y moribundo. Ese encargo es tanto una responsabilidad como un privilegio, y se cumple tanto para la gloria de Dios como para nuestra gran bendición.

Conocer el final de la historia tal como se expone en las Escrituras (y especialmente en Apocalipsis) y no advertir a aquellos destinados a la destrucción sería como la despreocupación insensible de Jonás hacia la gente de Nínive. En cambio, la manera de recibir la bendición no sólo por leer, sino también por “prestar atención” a las profecías registradas en Apocalipsis, es actuar según tu entendimiento mientras tengas vida.

Cada uno de nosotros está rodeado por “muertos que caminan”—almas destinadas al infierno, a menos que se arrepientan y acepten a Jesucristo en esta vida. Incluso si el Señor viene tan pronto como espero, hay algunos que no vivirán para entrar en la Tribulación. Por lo tanto, la pregunta que Dios plantearía a los cristianos profesantes que aceptan Su Palabra profética y disciernen que el tiempo está cerca sigue siendo:

“¿Puedo tener un testigo?”


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


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martes, 28 de julio de 2026

Video: Los Dos Poderes (YHWH) en el Cielo en el Tanaj

En este episodio, Graciela y yo analizamos el perspicaz tema acerca del concepto explorado por el erudito Dr. Michael Heiser que se refiere a un antiguo marco teológico judío en el Tanaj (AT), que identifica a un YHWH invisible y trascendente junto con una segunda figura o manifestación divina visible.

Los invito a suscribirse al canal “Profecías, Misterios y Otras Cosas”, y activar las notificaciones, para que puedan recibir las alertas cada que vez que un nuevo video sea publicado por Graciela. También los animo a compartir estos videos con sus contactos.  

Video: Babilonia se Alza. Estados Unidos Cambia – Dr. Andy Woods


Esta semana en El Punto de Vista del Pastor, el pastor Andy Woods analiza los últimos acontecimientos en el ámbito de las profecíasdesde las decisiones de la Corte Suprema que están transformando Estados Unidos hasta el sorprendente resurgimiento económico de Babilonia.

El juez Clarence Thomas advierte sobre una reorientación” que amenaza nuestros fundamentos constitucionales. Mientras tanto, a 93 kilómetros al sur de Bagdad, miles de millones se invierten en la restauración de Babilonia como centro turístico mundial, tal como predice Apocalipsis 17-18. Reuniones de una religión mundial convergen ahora cerca del antiguo emplazamiento de la Torre de Babel.

Desde el aumento de la persecución en el Reino Unido hasta la apostasía que se extiende por las principales denominaciones, las señales están convergiendo. Pero hay esperanza: Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13).

¿Estás vigilando? ¿Estás listo?

lunes, 27 de julio de 2026

Tu Última Trompeta (Parte 2 de 2)

¿Cuál Escucharás?

 Tim Moore

¿Por Qué la Tribulación?

Muchos cristianos no saben cómo explicar la Tribulación a alguien que pregunta cómo un Dios amoroso podría someter al mundo a los horrores descritos en el Apocalipsis. Hemos hecho tan buen trabajo enfatizando el amor de Dios, y Su deseo de buscar a los perdidos y perdonar sus pecados, que hemos minimizado Su justicia y santidad.

Esa es, sin duda, una yuxtaposición difícil de comprender. Dios es capaz de combinar el amor perfecto con el odio hacia lo que es malvado. Puede desatar la ira divina mientras ofrece misericordia sin costo alguno. Se enoja con razón con los pecadores, pero les ofrece gracia—Su propio favor, que no pueden ganar por mérito ni obra.

Yuxtaposición  – Una combinación de dos o más cosas o verdades divergentes muy próximas entre sí.

La Tribulación es el período culminante de la historia humana, cuando estas grandes paradojas se muestran en toda su magnitud. Entonces, ¿por qué la Tribulación? En resumen, la Tribulación ocurre:

para derramar el castigo que merece un mundo malvado y rebelde.

  • Así como Dios vio “la maldad del hombre en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazón sólo era de continuo el mal” en los días de Noé (lo entristeció hasta el punto de la destrucción mundial), Dios finalmente dirá “¡Basta!” cuando la copa de la maldad del hombre se desborde.

Conforme al corazón de Dios, para llevar a los rebeldes impenitentes al límite de sus propias fuerzas, para que algunos lleguen al límite de sí mismos, se arrepientan y acepten a Jesucristo como Salvador y Señor.

  • Piensa en Jonás y el hijo pródigo; ambos tuvieron que llegar al límite de sí mismos para arrepentirse y responder al amor del Padre.

llevar a la obstinada y dura de cerviz Israel al límite de sí misma, para que el remanente restante del pueblo judío mire a Aquel a quien traspasaron, llore como por un Hijo único y grite: “¡Baruj haba b’Shem Adonai!” (Zac. 12:10; Jn. 19:37 y Mt. 23:39).

Desafortunadamente, hay mucha confusión respecto a la Tribulación. Aquí hay algunas de las interpretaciones erróneas de este período horrible:

La purificación final de la Iglesia

  • Tal actitud, que no es bíblica, representa una forma de purgatorio (una idea completamente antibíblica) y niega la obra de Cristo en la Cruz.
  • O bien no hay “condenación” para los que están en Cristo, o bien Su muerte no fue suficiente para cubrir nuestros pecados.

La Iglesia será puesta a prueba durante la Tribulación, demostrando su capacidad para perseverar.

  • Jesús dijo que nos rescataría de la ira venidera.
  • Los seguidores de Cristo enfrentan pruebas continuas y tribulaciones con t pequeña (o “problemas”), pero ninguno estará sujeto a la ira de Dios; Jesús soportó la medida completa de la ira que Sus seguidores merecían en el Calvario.

La ira de Dios no se derramará hasta el punto medio de la Tribulación, o algún otro momento más adelante en los siete años.

  • Jesús rompe los sellos y libera las trompetas y las copas, y autoriza las diversos males que afectan al mundo rebelde, sin incluir a la Iglesia.

Dicho todo esto, habrá una gran cosecha de almas durante la Tribulación. Muchas personas recobrarán la razón y se volverán a Cristo con fe. Muchos (si no la mayoría) serán martirizados por su fe en ese tiempo difícil, pero algunos realmente perseverarán hasta el final. Su aceptación tardía del Evangelio confirmará el dicho de Billy Graham: “El mismo sol que derrite la mantequilla endurece la arcilla”. Esa verdad contiene la triste contrapartida de su creencia: la mayoría de las personas sufrirá bajo la ira de Dios y endurecerá su corazón en lugar de arrepentirse—tal como vemos hoy en el mundo.

La pregunta sigue siendo: ¿qué respuesta—y qué destino eterno—te espera?

Escúchame Ahora o Créeme Después 

Algunas personas, al leer la decisión binaria que se les presenta, elegirán “esperar y ver”. Según su lógica, observarán y verán qué les pasa a los cristianos que están deseando que Jesús los llame a Su presencia. Si sus amigos y familiares cristianos desaparecen de repente, razonan que creerán y confiarán en Cristo entonces.

He aquí está la razón por la que esa es una apuesta tan insensata: ninguna persona tiene garantizado un día más de vida en esta tierra. Incluso como un ferviente seguidor de Cristo que anhela escuchar “al Señor mismo descender del cielo con un grito, con la voz del arcángel y con la trompeta de Dios”, puede que yo no viva para experimentar ese momento glorioso en mi cuerpo mortal. Y, un incrédulo que piensa, “una vez que los Juicios de los Sellos y de la Trompetas comiencen, me tomaré en serio eso de creer en Jesús”, puede que tampoco viva para ver que comience la Tribulación. Por eso Pablo enfatizó, “Ahora es el tiempo aceptable, ahora es el día de salvación” (2 Co. 6:2).

Entonces, ¿por qué termino este artículo con la proposición retórica de blanco o negro, “Créeme ahora o créeme después”?

Porque toda persona creerá en el Señor Jesucristo en algún momento, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre (Fil. 2:10-11). Los demonios ya conocen a Jesucristo, pero se niegan a aceptar Su autoridad eterna y Su victoria final. Cada uno de nosotros debe confiar en la Palabra de Dios, aceptando por fe Su provisión para la salvación. Es esa creencia por fe la que nos distingue de las hordas demoníacas y de aquellos destinados al infierno. Toda persona que rechace al Hijo en esta vida tendrá un momento de terrible comprensión cuando comparezca ante el Tribunal de Cristo, pero entonces será demasiado tarde.

“…para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:0-11).

Entonces, de nuevo, para todos los que leen estas palabras antes de la Tribulación, ¿qué trompeta les espera—la trompeta que los llama al cielo o las trompetas que sonarán mientras la ira de Dios se derrama sobre ustedes?

Si tienen oídos para oír, ruego que estén esperando con ansias la primera.


Lea la parte 1 haciendo clic aquí 

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


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viernes, 24 de julio de 2026

Tu Última Trompeta (Parte 1 de 2)

¿Cuál Escucharás?

 Tim Moore


A medida que los Juicios de los Sellos dan paso a los Juicios de las Trompetas, las condiciones en la tierra son horribles—y empeoran cada día.

Cuando Cristo comenzó a abrir los siete sellos del libro o rollo que Dios el Padre sostenía (a menudo entendido como el “título de propiedad” de la tierra), primero dio autoridad a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis—el Anticristo, la Guerra, el Hambre y la Muerte. Esos juicios caen sobre la tierra con un efecto devastador, hasta el punto de que un cuarto de la humanidad muere en los primeros ataques de la Tribulación.

Atrapados en la furia del Anticristo se encuentran los seguidores de Jesucristo: los santos de la Tribulación que recuperan la cordura después del Rapto, al comprender Quién está derramando Su justa indignación sobre el mundo rebelde. Las Escrituras dejan claro que la mayoría de los cristianos morirán durante la Tribulación. Estos mártires se hallan bajo el altar de Dios en el Cielo cuando se rompe el quinto sello. El sexto desata otra ola de terror cuando un gran terremoto sacude la tierra, el sol se oscurece y finalmente aparece la tan esperada luna de sangre.

Tras un breve interludio registrado en el Apocalipsis, cuando los testigos judíos proclaman el Evangelio en la Tierra y el Cielo resuena con alabanzas a “nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (7:10), se rompe el séptimo sello. El Cielo guarda silencio mientras el fuego cae sobre la tierra, acompañado de truenos, relámpagos y otro terremotomás. Luego, siete ángeles se preparan para iniciar otra ronda de juicios divinos.WW

Trompetas de Ira

En las Escrituras, el sonido de una trompeta representaba muchas cosas diferentes. Los estudiantes del Antiguo Testamento recordarán que una trompeta sonó mientras Moisés estaba en el Monte Sinaí recibiendo la Ley de Dios (Éxodo 19:16). Esa trompeta simbolizaba la santa presencia de Dios y Su pacto eterno con Israel. Cuando Josué dirigió a los hijos de Israel a rodear Jericó, tocaron shofares (trompetas) cada día. Luego, cuando la trompeta sonó en el séptimo día, Josué les dijo a las personas: “¡Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad!” (Josué 6:16).

También se tocaba una trompeta al comienzo de cada sábado para alertar al pueblo de que había llegado el día de descanso ordenado por Dios. El propio Señor había indicado: “En vuestros días de alegría, como en vuestras solemnidades y principios de mes, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos y sobre los sacrificios de paz, y os servirán de memorial delante de vuestro Dios. Yo, Jehová, vuestro Dios” (Nm. 10:10).

Es evidente que que el estruendo ronco de una trompeta—un shofar—era una parte integral y audible de la vida judía. Pero las trompetas que suenan en Apocalipsis 8, 9 y 11 tienen un significado muy diferente. Son trompetas que anuncian el derramamiento de la ira de Dios.

En orden bíblico—y creo que cronológico—son:

Primero – Granizo y fuego, mezclados con sangre, devastan un tercio de la tierra.

Segundo – Algo parecido a una gran montaña es arrojado al mar, convirtiendo un tercio de él en sangre.

Tercero – Un gran meteorito ardiente llamado Ajenjo cae del cielo para contaminar un tercio del agua dulce.

Cuarto – Un tercio del sol, la luna y las estrellas se oscurecen. Las últimas tres trompetas son tan horribles que un águila del cielo grita: “¡Ay, ay, ay de los que habitan en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para tocar los tres ángeles!” (Ap. 8:13). 

Quinto – Se abre un abismo sin fondo y una horda demoníaca liderada por el rey demonio, Abadón (o Apolión en griego), es liberada para atormentar a todas las personas que no están selladas por Dios.

Sexto – Se liberan cuatro ángeles para liderar un ejército de 200 millones de jinetes y matar a un tercio de la humanidad con fuego, humo y azufre. 

Séptimo – Esta trompeta anuncia la llegada del “reino de nuestro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15); esta declaración provoca adoración y alegría en el Cielo, pero presagia otra ronda final de ira que pronto caerá sobre la tierra.

Cualquier persona racional desearía ser liberada de semejante avalancha de sufrimiento. Sin embargo, las Escrituras son claras: incluso los reyes, los grandes hombres, los comandantes, los ricos, los fuertes y todos los esclavos—en otras palabras, todas las personas que continúan rechazando a Jesucristo—reconocerán que están siendo sometidos a “la ira del Cordero”, pero aun así se negarán a arrepentirse y a doblegarse ante Su señorío (Ap. 6:15-17). Al final del capítulo 9, Juan documenta la misma respuesta: los que no mueren de inmediato para el fin de la sexta trompeta “se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios… y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos” (9:20-21).

¿No es curioso que el robo figure junto con otros pecados que parecen más ofensivos? Pero, ¿cuántas personas en este momento le están robando a Dios la alabanza y la gloria que justamente merece? ¿Cuántos de nosotros enterramos nuestros talentos en lugar de invertirlos sabiamente—robándole a nuestro Maestro un retorno justo de los recursos y dones que nos ha prestado?

La oración de intercesión de Habacuc, “Jehová… en la ira acuérdate de la misericordia” (3:2), se ha demostrado una y otra vez. Casi puedo imaginar a Dios Todopoderoso poniendo los ojos en blanco mientras Habacuc pronuncia esa oración, como si Él pudiera haber respondido: “¿Quién crees que SOY?”. Dios había revelado Su Nombre y Su carácter a Moisés: “¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…” (Éxodo 34:6-7).

La Tribulación representa la indignación justa, santa y justificada de Dios contra un mundo malvado y rebelde. Su derramamiento de ira —Su propia ira, y no la de otro— será una demostración de que no dejará sin castigo a los culpables. Pero incluso en medio de la ira, recuerda la misericordia.


Lea la parte 2 haciendo clic aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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