¿Cuáles son las razones de Dios para decirnos por qué reemplazará el gobierno humano con el Reino Milenial de Cristo?
Las razones de Dios involucran tanto el propósito final como el inmediato. Primero, veamos el propósito final. Dios proporcionó una revelación especial a través de los profetas y del único y supremo profeta—Jesucristo, la fuente de toda revelación profética (Ap. 19:10). Nuestro Señor usó palabras, visiones, sueños, milagros y teofanías para que Él pudiera, como dijo el teólogo Lit-Sen Chang, “revelar Su divinidad a Su creación, mostrar Sus múltiples excelencias y declarar Su gloria, especialmente en Su obra de redención”. A medida que somos testigos de cómo se desarrolla el plan de Dios para las edades, estamos destinados a asombrarnos cada vez más por nuestro maravilloso Creador, Redentor y Rey.
En segundo lugar, el propósito inmediato se logra cuando Dios muestra Su imponente majestad. Esto hace que los pecadores caigan de rodillas en arrepentimiento, se regeneren y continúen viviendo para cumplir su propósito máximo de amar a Dios y a los demás por toda la eternidad. Cuando los caídos son salvos, su milagrosa recreación y restauración a una relación correcta con el Padre celestial refleja Sus gloriosas excelencias, lo cual a su vez lleva a muchos más perdidos a la salvación.
Propósitos Generales
¿Sabías que un asombroso 31 por ciento de la Biblia es profético? ¡Dios realmente quiere que conozcamos el futuro! Por lo tanto, conocer la Palabra profética de Dios se vuelve extremadamente vital para nuestras vidas. La forma en que Dios se revela a Sí mismo y Su voluntad a través del desarrollo de las profecías bíblicas actúa como un faro evangelizador que llama a los pecadores a la salvación y a una relación correcta con el Padre eterno. Y, para aquellos que ya son salvos, la profecía bíblica también puede usarse como una poderosa herramienta apologética, que, como Judas lo definió, permite a los cristianos “contender ardientemente por la fe que fue una vez dada a los santos” (Judas 3). Por el poder del Espíritu Santo y mediante el estudio de la Palabra de Dios, los cristianos pueden usar la profecía como un arma espiritual para exponer las enseñanzas erróneas y herejías que se oponen a la adoración del único Dios verdadero y que desvían a la humanidad. Como Chang describió tan elocuentemente esta épica lucha por la verdad: “¡Es la teología en guerra!”.
La revelación de Dios de Sí mismo y de Su voluntad a través de las profecías bíblicas cumplidas le da alabanza y gloria, conduce a los perdidos a la salvación y proporciona una defensa inquebrantable de la fe cristiana. Esos son los propósitos generales.
Propósitos Específicos
El propósito específico de Dios al revelar Sus futuras victorias está dirigido a dos grupos diferentes de personas. El primero consistía en la audiencia inmediata de los profetas: los israelitas. Después de 70 años de exilio en una nación pagana y extranjera, los judíos en la época de Daniel tenían muy poca esperanza de volver alguna vez a su tierra natal. Los mensajes proféticos de Dios a Israel, tanto entonces como ahora, tenían como objetivo asegurar al pueblo judío de que su tiempo de exilio, de su tierra y de Su presencia, de hecho llegaría a su fin. Dado que Dios sigue permanece siempre fiel a Sus pactos, entonces debe restaurar a Su pueblo, no sólo a Jerusalén, sino también a Su reino eterno. La profecía proporcionó a los antiguos israelitas esperanza y, como se puede ver, también está destinada a dar gran esperanza al Israel actual.
Hay un segundo grupo que se beneficiará de este propósito específico de por qué Dios ha prometido un reino divino y eterno. El erudito bíblico Sidney Greidanus explicó que Dios quería brindar la tan necesitada esperanza a Sus otros elegidos: la Iglesia. Desde que la Iglesia fue fundada en Pentecostés y hasta ese día maravilloso cuando Cristo llame a todos Sus fieles al cielo en el Rapto—esta era llamada la era de la Iglesia—los cristianos han sufrido y seguirán sufriendo mucho bajo la opresión de los gobiernos humanos fallidos. De hecho, ¡nada menos que 45 millones de cristianos fueron martirizados sólo en el siglo XX!
Mientras nosotros, la Iglesia, esperamos que Jesús instaure Su reino perfecto, gemimos sin cesar bajo los dolores de la persecución. A menudo nos sentimos desanimados porque parece que no hay fin a la vista para nuestros sufrimientos. Cuanto más se retrasa este reino prometido, más fácil es para los cristianos perder la esperanza y, por ende, arriesgarse a perder la fe en Jesús y en Su promesa de regresar.
Para contrarrestar este malestar, Dios ha revelado profecías llenas de esperanza sobre el reino de Cristo, las cuales están destinadas a confirmar Su fidelidad como cumplidor de pactos, que siempre cumple Sus promesas. Con esa revelación, nosotros, los cristianos, podemos animarnos, fortalecer nuestra fe y perseverar en la esperanza de que nos esperan días infinitamente mejores.
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)





