lunes, 4 de mayo de 2026

Video: Los Nefilim – Actividades Actuales


En este episodio, Graciela y yo analizamos las nefastas actividades que los nefilim podrían estar llevando a cabo en el presente.  

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Recursos recomendados:

»» Video: Los Nefilim en el Antiguo Testamento

»» Ebook: Sobrenatural

»» Los Días de Noé (pdf)

»» Los Ángeles Caídos

»» Como los Días de Noé

Observaciones del Editor: Sellado con un Beso

Director y Evangelista Sénior 
Ministerio Cordero y León

SCUB

Mucho antes de que los usuarios de mensajes de texto y teléfonos inteligentes desarrollaran su propia jerga abreviada, este acrónimo ya formaba parte del lenguaje coloquial estadounidense. La gente solía cerrar cartas de amor, tarjetas de San Valentín y notas cotidianas con la frase “Sellado con un beso”. La versión abreviada de esta frase es simplemente una X—como en XOXO (que simbolizan besos y abrazos).

Incluso la X tiene un significado más profundo. Los primeros cristianos combinaron las dos primeras letras del nombre de Cristo en griego (Chi y Rho, χ y ρ) para abreviar “Cristo” en manuscritos y escritos de la Iglesia. Esta referencia codificada también tenía la ventaja de evitar la persecución y de señalar a la propia Cruz en lo que se conocía como crux decussata, que simbolizaba la crucifixión y el sacrificio de Jesús.

Si bien los cristianos modernos a menudo se sorprenden por la instrucción de Pablo de “saludarse unos a otros con un beso santo”, ciertamente abrazamos la verdad del Evangelio de que el amor de Jesús fue sellado en la Cruz y derramado en nuestras vidas de manera continua.

Esta edición de El Farolero explora la ruptura de sellos de otro tipo: los descritos en Apocalipsis 6—que desatan una serie de juicios. El único Ungido considerado digno de abrir esos sellos en todo el cosmos es “el León de la tribu de Judá, la Raíz de David… [el] Cordero [que está] de pie, [como si hubiera sido] inmolado” (Ap. 5:3-6).

Él es digno—de abrir los sellos y de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza (Ap. 5:9, 12).

Es un gran engaño creer que Jesús no juzgará a los vivos ni a los muertos. Él afirmó en Juan 5:22 que el Padre le ha dado todo el juicio al Hijo. Ap. 6:16 deja claro que el derramamiento de la ira durante los Juicios de los Sellos es la ira del Cordero.

Pero, antes de que se rompan los sellos y Su ira sea derramada sobre el mundo rebelde, Él está llamando a Sus propias ovejas y sellándolas por toda la eternidad. La pregunta urgente que esta edición abordará es si cada querido lector está sellado o si espera la ruptura de los sellos que desatarán la ira de Dios sobre la tierra.

Tim Moore

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

martes, 28 de abril de 2026

Video: Trump y el Reino de los Diez Cuernos (Parte 1)

Para escucharlo en español, seleccione: Pista de audio "Español (US)"


La elección de Donald Trump, como el Presidente #47 de Estados Unidos, no ha frenado la marcha hacia su cumplimiento final de muchas profecías concernientes a los tiempos del fin. 

En esta reveladora presentación, Billy Crone muestra los avances que está teniendo la configuración política mundial final. 

Recursos recomendados:

Los Diez Reyes en el Período de la Tribulación

viernes, 24 de abril de 2026

Libro: El Plan de Dios para las Edades (2da. Ed.) – Capítulo 17

 La Ira de Dios

¿Es un mito o una realidad?


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Hace varios años, un popular presentador de programas de radio en una estación secular de Oklahoma City me entrevistó en vivo por teléfono. Él había visto algunos artículos que yo había escrito y le habían gustado.

Comenzó la entrevista dándome amablemente la oportunidad de hablar sin parar durante unos diez minutos sobre cómo Dios había transformado mi vida y me había llamado al ministerio. Luego me pidió que resumiera el propósito de mi ministerio.

La Palabra Innombrable

Respondí diciendo que el propósito del Ministerio Cordero y León es proclamar el pronto regreso de Jesús. Luego señalé que este mensaje tiene dos aspectos. Para el creyente, es un llamado a la santidad y a la evangelización. Para los no creyentes, es un llamado a huir de la ira venidera refugiándose en los brazos amorosos de Jesús.

En ese momento, el presentador de radio me interrumpió. “¿Qué quiere decir con su referencia a ‘ira’?”, preguntó. 

“Quiero decir que Jesús va a regresar muy pronto para derramar la ira de Dios sobre aquellos que han rechazado el amor, la gracia y la misericordia de Dios”.

“Bueno, señor, déjeme decirle algo”, respondió de manera cortante. “Resulta que soy cristiano. Voy a la iglesia todos los domingos, y lo he hecho desde que era niño, ¡y nunca he oído nada sobre la ira de Dios! ¡El Jesús que yo conozco no le haría daño ni a una mosca!”.

Ese fue el final de la entrevista. Me colgó el teléfono. No se me dio la oportunidad de responder a su tergiversación de Dios.

El Gran Engaño de Satanás

La vehemente respuesta del presentador de radio a la ira de Dios no me sorprendió. Es característica tanto de cristianos como de no cristianos, y me he topado con ella muchas veces.

Satanás ha vendido al mundo una idea equivocada sobre la naturaleza de Dios. La mayoría de la gente, tanto cristiana como no cristiana, tiende a ver a Dios como una especie de oso de peluche cósmico.

Lo ven como grande, cálido y suave, lleno de amor y perdón infinitos. No podría hacerle daño a una mosca, y ciertamente no sería tan cruel como para condenar o dañar a los seres creados a Su propia imagen. En el Día del Juicio, Dios simplemente dará a todos un gran abrazo y les guiñará un ojo por sus pecados.

El único problema con esta imagen maravillosamente reconfortante es que es una mentira salida directamente del infierno.

El Dios Verdadero

Sí, la Biblia enseña que Dios es amoroso, paciente, atento y clemente (Salmos 86:15 y Juan 3:16). Como dijo el apóstol Juan, “Dios es amor” (1 Juan 4:8).

Dos de mis pasajes favoritos en la Biblia enfatizan la naturaleza personal amorosa de Dios. Uno fue escrito por el apóstol Pedro. En 1 Pedro 5:6-7, él dice que debemos echar todas nuestras ansiedades sobre Dios, “porque él tiene cuidado de vosotros”. Ése es un pensamiento muy reconfortante.

El otro pasaje que me gusta leer una y otra vez consiste de palabras pronunciadas por el profeta Jeremías en Lamentaciones 3:22-24 (RVA-2015):

22) Las misericordias del Señor jamás terminan,

Pues nunca fallan Sus bondades;

23) Son nuevas cada mañana;

¡Grande es Tu fidelidad!

24) “El Señor es mi porción”, dice mi alma,

“Por tanto en Él espero”.

Pero la Biblia también enseña claramente que hay otro aspecto del carácter de Dios que es igualmente importante. Es el aspecto que Satanás quiere que ignoremos, y ha sido muy exitoso al incitar a los ministros a pasarlo por alto. Después de todo, ¡éste no produce sermones populares! Estoy hablando, por supuesto, de la santidad de Dios (Lv. 11:44; Is. 6:3; 1 P. 1:16).

¿Gracia o Ira?

La Biblia enseña que Dios es perfectamente santo. Debido a este atributo de Su carácter, Él no puede tolerar el pecado (Nm. 14:18). La Biblia dice que Dios debe tratar con el pecado, y Él lo hace de una de dos maneras — con gracia o con ira. 

Toda persona sobre la faz de esta Tierra está en este momento bajo la gracia o bajo la ira de Dios. Juan el Bautista señaló esto en uno de sus sermones cuando dijo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él” (Jn. 3:36).

Es asombroso cómo todos los cristianos parecen conocer Juan 3:16. Pero casi ninguno parece estar consciente de Juan 3:36. Esto muestra lo poco que se ha predicado sobre la ira de Dios.

Al igual que Juan el Bautista, el apóstol Pablo enfatizó la ira de Dios en su predicación y enseñanza. En Efesios 5 advertía contra la inmoralidad, la codicia y la idolatría, y luego añadió esta observación: “Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” (Ef. 5:6).

Recibimos la gracia de Dios al poner nuestra fe en Jesús y apropiarnos de Su sacrificio expiatorio por nuestras vidas (1 Jn. 1:7). No hay salvación aparte de Jesús (Hch. 4:10-12). Aquellos que han rechazado el regalo gratuito de la gracia de Dios en Jesús están bajo la ira de Dios (Jn. 3:36), y no tienen a quién culpar sino a sí mismos.

La Ira Venidera

La ira de Dios caerá cuando Jesús regrese (Judas 14-15). El pasaje en Apocalipsis que muestra el regreso de Jesús dice que Él volverá en justicia para “juzgar y guerrear” (Ap. 19:11).

La primera vez que Jesús vino, vino con compasión amorosa y los ojos llenos de lágrimas. Pero cuando regrese, vendrá con venganza (Ap. 6:12-17), con ojos como llama de fuego (Ap. 19:12). Vendrá para destruir a los enemigos de Dios (Ap. 19:11).

Los presidentes, reyes y primeros ministros del mundo se arrastrarán por agujeros en la tierra y clamarán para que las rocas y montañas caigan sobre ellos; tan grande será el terror del Señor (Ap. 6:15-17). Los injustos tropezarán como hombres ciegos, y su sangre será derramada como polvo (Sof. 1:17).

El Significado de la Ira

¿Acaso esto convierte a Dios en un “monstruo”? ¡No! Al contrario, demuestra Su bondad, porque ¿cómo podría un Dios bueno ignorar el mal del pecado y permitir que quede impune? Su ira contra el mal demostrará Su justicia.

El profeta Nahum lo resumió mejor. Hablando del amor de Dios, dijo: “El SEÑOR es bueno, un refugio en el día de la angustia, y conoce a los que en Él se refugian” (Nah. 1:7). Pero unos versículos antes, en ese mismo capítulo, Nahum también había hablado de la santidad de Dios:

2) “El SEÑOR es Dios celoso y vengador; El SEÑOR es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos.

3) El SEÑOR es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable”.

La ira de Dios nunca está motivada principalmente por un deseo de castigar. Más bien, está diseñada para llevar a las personas al arrepentimiento para que puedan ser salvadas. Isaías lo expresó así: “Cuando la tierra tiene conocimiento de Tus juicios, los habitantes del mundo aprenden justicia” (Is. 26:9). Incluso en Su ira, Dios recuerda la misericordia.

Dios demuestra Su misericordia en la ira al nunca derramar Su ira sin advertencia. Intentó advertir a Sodoma y Gomorra a través de Abraham. Advirtió al mundo de Noé mediante la predicación de Noé durante 120 años. Envió tanto a Jonás como a Nahum para advertir a la ciudad pagana de Nínive.

Considera también cómo envió profeta tras profeta para llamar a las naciones de Israel y Judá al arrepentimiento (2 Cr. 36):

15) Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación.

16) Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio.

La misericordia de Dios en la ira también se manifiesta en el hecho de que Él siempre conduce a Su derramamiento final de la ira a través de una serie de juicios progresivos. Estos juicios se describen en detalle en Dt. 28:15-57.

La Ira Durante la Tribulación

Esta característica de la ira de Dios se demuestra en las profecías concernientes a la Tribulación. En lugar de simplemente derramar Su ira sobre las naciones rebeldes del mundo, destruyéndolas en un instante de abrumadora catástrofe, Él somete al mundo a una serie de juicios que se incrementan secuencialmente en alcance e intensidad (Ap. 6, 8-9, 16). 

Aunque la mayoría de las personas se niegan a arrepentirse a estos juicios (Ap. 9:20-21), hay “una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” que se arrepienten y responden a Jesús en fe (Ap. 7:9).

Estas respuestas radicalmente diferentes a la ira de Dios ilustran la idea que Billy Graham solía mencionar: “El mismo sol que derrite la mantequilla también endurece la arcilla”. La ira de Dios derrite algunos corazones en arrepentimiento, pero tiene el efecto de endurecer los corazones de muchos otros.

La Ira y los Redimidos

Muchos cristianos responden negativamente a la profecía bíblica. No es raro escuchar a un cristiano decir algo como esto: No quiero escuchar nada sobre profecía porque está demasiado llena de pesimismo”. 

Bueno, hay mucho pesimismo para aquellos que se niegan a responder al regalo de amor de Dios en Jesús. Pero hay sólo buenas noticias para los Redimidos.

El Antiguo Testamento termina con un pasaje que presenta tanto la tristeza como el gozo de la profecía del tiempo del fin. Malaquías dice que cuando el Señor regrese, el día será “como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa” (Mal. 4:1). Ésa es la mala noticia.

Pero considera las buenas noticias: “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada” (Mal. 4:2).

No hay razón para que cualquier hijo de Dios tema la ira de Dios. Pablo escribió que, dado que hemos sido justificados por la sangre de Cristo, “por él seremos salvos de la ira” (Ro. 5:9). Y, en un versículo sumamente reconfortante, Pablo les dijo a los tesalonicenses que Jesús “librará” a los redimidos “de la ira venidera” (1 Ts. 1:10). La razón, explicó Pablo, es que “no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts. 5:9).

Una Súplica

¿Estás bajo la gracia o bajo la ira? La elección es tuya. Jesús viene pronto. Cuando Él aparezca, ¿será tu Esperanza Bendita o tu Santo Terror? ¿Clamarás para que las montañas caigan sobre ti? ¿O saldrás brincando de alegría como un ternero liberado del corral?

Dios te ama y quiere que aceptes a Su Hijo como tu Salvador para que estés bajo el amparo y la bendición de Su increíble gracia.

Las gloriosas promesas positivas de Dios se cumplirán durante el reinado milenial de Jesús, cuando la tierra estará llena de paz, justicia y rectitud. ¿Estarás allí para experimentarlo? La elección es tuya.


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Estimado lector: Gracias a las ofrendas de amor de nuestros colaboradores, podemos poner gratuitamente a su disposición este material exclusivo de nuestro Ministerio. Si siente de parte del Señor apoyar la labor que su servidor está llevando a cabo, visite nuestra sección Donativos, para descubrir cómo podrá hacerlo.


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jueves, 23 de abril de 2026

Libro: El Plan de Dios para las Edades (2da. Ed.) – Capítulo 16

 La Tierra en la Profecía

¿Será destruida o es eterna?


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¿Sabía que estamos viviendo en la tierra número tres? ¿Sabía que la Biblia revela que hay dos tierras por venir? ¿Sabía que la Biblia enseña que la tierra es eterna?

Tierra I

La primera tierra fue la que se creó en el principio (Gn. 1:1). Era perfecta en todos los aspectos (Gn. 1:31). Pero, debido al pecado del hombre, Dios puso una maldición sobre la tierra (Gn. 3:17-19).

La Biblia indica que esta maldición alteró radicalmente la naturaleza de la creación original de Dios. En lugar de que el hombre ejerciera dominio sobre la naturaleza, como se planeó originalmente (Gn. 1:26, 28), la naturaleza se alzó en conflicto con el hombre, cuando aparecieron de repente plantas venenosas, animales carnívoros y cataclismos climáticos (como tornados).

Tierra II

La maldición alteró radicalmente la tierra original, pero la Tierra II todavía era bastante diferente de la que vivimos hoy. Hay mucha evidencia bíblica, tanto en Génesis como en Job, de que la segunda tierra tenía un espeso dosel de vapor que protegía la vida de la radiación ultravioleta del sol, produciendo la larga vida registrada en Génesis (véase Gn 2:5-6 y Job 38:8-11).

Toda la tierra era como un invernadero, con una espesa vegetación que crecía por todas partes, incluso en los polos. Probablemente también había sólo una gran masa de tierra.

Una vez más, la rebelión pecaminosa de la humanidad motivó a Dios a cambiar la naturaleza de la tierra (Gn. 6:11-13). El agente de cambio esta vez fue el agua. Parece que Dios hizo que el dosel de vapor colapsara (Gn. 7:11). También hizo que todas las fuentes del gran abismo” brotaran sobre la superficie de la tierra (Gn 7:11).

Tierra III

Al igual que la maldición, el Diluvio alteró radicalmente la naturaleza de la tierra. Éste produjo la Tierra III, la tierra en la que ahora vivimos.

La tierra se inclinó sobre su eje, formando los casquetes polares. La masa de tierra unificada se dividió, formando los continentes tal como los conocemos ahora (por eso encajan como un rompecabezas — véase Gn. 10:25). Y el dosel de vapor se agotó tan completamente, que la radiación ultravioleta comenzó a llegar a la tierra en niveles sin precedentes, lo que resultó en una esperanza de vida muy reducida, primero a 120 años y luego a 70 años.

La Biblia revela que la tierra actual, la Tierra III, volverá a cambiar radicalmente en la Segunda Venida de Jesús. Los agentes de cambio serán terremotos en la tierra y fenómenos sobrenaturales en los cielos.

Los cambios producidos alterarán tan totalmente la tierra y su atmósfera, que Isaías se refiere a los nuevos cielos y la nueva tierra que existirán durante el reinado del Señor (Is. 65:17).

Tierra IV

La Tierra IV —la tierra del Milenio — será muy diferente de la tierra actual. Los terremotos que la producirán serán los más severos de la historia.

Todo valle será alzado, toda montaña será rebajada, y toda isla será movida (Ap. 6:12-14; 16:17-21). Jerusalén será levantada, y el Monte Sion se convertirá en el más alto de todos los montes (Zac. 14:10 y Miq. 4:1).

El dosel de vapor probablemente será restaurado porque la esperanza de vida se ampliará a lo que era al principio de los tiempos (Isaías 65:20,22).

Evidencia adicional de que el dosel de vapor será restaurado se encuentra en el hecho de que toda la tierra volverá a tener una abundante y exuberante vegetación (Is. 30:23-26 y Amós 9:13-14). El Mar Muerto también cobrará vida (Ez. 47:1-9).

Lo más importante es que la maldición se levantará parcialmente, haciendo posible que el hombre se reconcilie con la naturaleza, y que la naturaleza se reconcilie consigo misma. El lobo morará con el cordero, porque el lobo ya no será carnívoro. El niño lactante jugará con la cobra, porque la cobra ya no será venenosa (Is. 11:8).

Tierra V

Pero la última revuelta de Satanás al final del Milenio dejará la tierra contaminada y devastada (Ap. 20:7-9). Por lo tanto, al final del reinado del Señor, Dios quitará a los redimidos de la tierra, los colocará en la Nueva Jerusalén y luego purificará la tierra con fuego (2 P. 3:10-13).

En otras palabras, Dios sobrecalentará esta tierra en un infierno ardiente y luego la remodelará como una bola de cera caliente. El resultado serán los “cielos nuevos y la tierra nueva” profetizados en Is. 66 y Ap. 21.

Ésta será la Tierra V, la tierra perfecta y eterna donde los redimidos pasarán la eternidad en la Nueva Jerusalén en la presencia de Dios (Ap. 21:1-4). La maldición será completamente levantada de esta tierra (Ap. 22:3).

Restauración en el Antiguo Testamento

Dios ama a Su creación, y está decidido a restaurarla a su perfección original.

Este propósito de Dios se reflejó en los ritos del Tabernáculo de Moisés. Cada año, cuando el Sumo Sacerdote entraba en el Lugar Santísimo para hacer expiación por los pecados de la nación, rociaba con sangre el Propiciatorio del Arca, y también el suelo frente al Arca (Lev. 16:15).

La sangre en el Propiciatorio señalaba la promesa de Dios de que un día enviaría a un Mesías que derramaría Su sangre para que la misericordia de Dios pudiera cubrir la Ley e hiciera posible que fuésemos reconciliados con nuestro Creador. La sangre en el suelo apuntaba a la promesa de Dios de que el sacrificio del Mesías también haría posible que la creación fuera redimida.

En el Antiguo Testamento, Is. 11 nos da una hermosa imagen de la creación redimida durante el Milenio. Se nos dice que los animales carnívoros dejarán de cazarse unos a otros y “comerán paja como el buey”. Los animales venenosos también serán transformados. Dejarán de ser peligrosos (Is. 11:6-9; 35:9).

El reino vegetal será igualmente transformado a su perfección original antes de la maldición. El resultado será una increíble abundancia agrícola:

“Ciertamente vienen días, dice Jehová, cuando el que ara alcanzará al segador, y el que pisa las uvas al que lleve la simiente; los montes destilarán mosto…” (Amós 9:13).

El profeta Joel agrega que, “Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino nuevo y de aceite” (Joel 2:24).

La implicación de estos pasajes es que el hombre ya no tendrá que luchar contra la naturaleza, porque las malas hierbas y las plantas venenosas dejarán de existir y las lluvias serán abundantes.

De hecho, Isaías nos dice que las áreas de desierto se transformarán en bosques gloriosos (Is. 35:2) y los desiertos se convertirán en manantiales de agua” (Is. 35:7).

Restauración en el Nuevo Testamento

La promesa de una creación redimida y restaurada se reafirma en el Nuevo Testamento. Pedro se refirió a la promesa en su segundo sermón en el Templo de Jerusalén. Le dijo a su audiencia que Jesús permanecería en el cielo hasta que llegara el tiempo de la “restauración de todas las cosas” (Hch. 3:21).

Pablo desarrolla el tema en Romanos 8:18-23. Declara que toda la creación está en “esclavitud a la corrupción” (v. 21). Ésta es una referencia a lo que los físicos llaman la Segunda Ley de la Termodinámica; es decir, que toda la creación se está agotando, pasando del orden al desorden — que toda la creación está esclavizada por la decadencia.

Pablo luego representa a la creación como una mujer embarazada que espera ansiosamente el momento del parto, cuando la maldición será levantada y la creación será redimida. Él dice que eso ocurrirá en “la manifestación de los hijos de Dios”.

Ésa es una referencia a la resurrección de los santos, un punto que deja claro en el versículo 23, cuando dice que los santos deben anhelar con la naturaleza ese mismo evento, porque es cuando cada uno de nosotros recibirá “la redención de nuestro cuerpo”.

La Tierra Eterna

El Antiguo Testamento tiene poco que decir acerca de la tierra eterna que Dios creará al final del Milenio. Isaías simplemente afirma que tal tierra será provista (Is. 66:22). La única otra referencia de Isaías a una “tierra nueva”, en Is. 65:17, es una referencia a la tierra renovada del Milenio.

En Ap. 21, el apóstol Juan nos da la visión más detallada de cómo será la tierra nueva y eterna. Y, sin embargo, su descripción es tentadoramente vaga. Él hace una referencia críptica al hecho de que ya no habrá mar (Ap. 21:1). Más allá de eso, todo lo que nos dice es que Dios hará “nuevas todas las cosas” (Ap. 21:5).

Una Bendición Gloriosa

Creo que la razón por la que los pasajes sobre la tierra eterna nos dicen tan poco acerca de las características de esa tierra es porque se enfocan en un hecho glorioso que eclipsa cualquier preocupación sobre cómo será la tierra nueva. Ese hecho es que los redimidos vivirán en la presencia de Dios Todopoderoso (Ap. 21 y 22). Le “serviremos” y “veremos Su rostro” (Ap. 22:3-4). Cómo será la tierra palidece en comparación con esta revelación.


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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